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12 de octubre de 2015

"Del mar los vieron llegar/ mis hermanos emplumados/ eran los hombres barbados/ de la profecía esperada" cuenta la canción que ilustra "La Maldición de Malinche". Historia que compartimos en esta sección.

Malinali Tenépatl  también conocida como Malintzin, la Malinche o Doña Marina (se cree que pudo haber nacido en 1502 en Coatzacoalcos, actual estado de Veracruz; y si se sabe con certeza que falleció en 1527. Hablaba el náhuatl, una lengua casi desaparecida.

Hernán Cortez andaba por América desde sus 19, invadió Cuba junto a Alvar Nuñez Cabeza de Vaca. Los cronistas destacan de Cortez su debilidad por las mujeres. Ciertamente vanidoso le gustaba rodearse de cuantas mujeres pudiera y amarlas de forma consecutiva cuando no, múltiple.

En Cuba lo metieron preso por líos de falda, y a la fuerza lo obligaron a contraer enlace con Catalina Suarez. Desde luego, le fue infiel. Se anotaba en cuanta expedición hubiera para justificar su ausencia y emprender nuevas aventuras.

 

Por el mes de marzo del año 1519, Hernán Cortés recorría junto a sus hombres lo que hoy es México. Andaba por las costas de Tabasco poblada por los mayas, con quienes se enfrentó durante algunos días. Descansó otros tantos, hasta que un pequeño grupo de caciques locales acudieron una mañana al campamento español para agasajar al expedicionario con numerosos regalos: oro, mantas y alimentos. Le llevaron entre los ofrendas a veinte doncellas, entre las que estaba “La Malinche”.

Hernán Cortez la convirtió en su amante y la de sus compañeros, sin saber que Marina (así la llamó Cortez) tenía la facultad de poder hablar la lengua maya y el nahuatl. Esta condición bilingüe fue indispensable para que Cortez pudiera tomar contacto con las civilizaciones aborígenes.
En la tripulación española estaba Jerónimo de Aguilar, un naufrago rescatado por los mayos y recuperado por los españolas. El hombre había aprendido a hablar el Maya.
Cortez usó a su amante “La Malinche” para comprender la lengua náhuatl y traducida al maya. Y a Jerónimo de Aguilar para que le tradujera del maya al castellano.
Los triunfos bélicos y políticos de Cortez no se basaron en el despliegue de hombres ni de tecnológica dispuesta para la guerra sino en las tareas diplomáticas que Marina realizó a pedido de él, convirtiéndose probamente en una de las primeras embajadoras europeas en este suelo. Así logro forjar alianzas, dividir a los pueblos, enfrentarlos y someterlos.

“La Malinche” está cargada de simbolismos y connotaciones, aluden todas a la traición.
Fue amada por muchos marineros, pero con especial énfasis por Cortez con quien aseguran, no pocos historiadores, tuvo un hijo al que llamó Martín. Quizás, el primer mestizo. 

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