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23 de noviembre de 2015

Agustín Espinola: "Macri ganó las elecciones, ahora hay que pensar"

La victoria de Macri en las elección es muestra de un cambio de signo político y de un proceso de transformación en la demanda del electorado que hay contemplar y fundamentalmente entender. Ese proceso parece no guardar relación con la discusión política sino mas bien con las formas. En esta editorial recorremos desde nuestra mirada algunos aspectos del kichnerismo que podrian explicar en parte, el resultado del domingo. "Los referentes que ofrece el modelo, la política comunicacional, la creación del adversario, las deudas y la impermeabilidad a la crítica del sector popular son algunos rincones a explorar".


La victoria de Macri en las elección es muestra de un cambio de signo político y de un proceso de transformación en la lectura del electorado que hay contemplar y fundamentalmente entender. Ese proceso parece no guardar relación con la discusión política que a nuestro entender debiera partir de las miradas sobre el estado y el mercado o que es la izquierda y que implica la derecha. No pocos han dicho que es una discusión que quedo muerta en los ´90 sin embargo debajo de cada baldosa aparece, si uno tiene ganas de ver, distinciones claras entre colores políticos. Sin embargo no hay elementos claros para comprender que el electorado haya optado por un cambio en un modelo que podría ser caracterizado de neo-keynesiano, que garantiza algunas prestaciones básicas por parte del estado y una intervención, quizás tibia, pero intervención al fin en el mercado por otra lógica que justamente proponga su liberación. Sino más bien aparece con mucha fuerza la idea del “odio, la grieta, la soberbia y la corrupción”. Algo similar sucedió entre Menem y su sucesor. De La Rua anunciaba una continuidad del modelo económico neoliberal que ejecutó Menem, con actores como Cavalo para garantizarlo, pero “limpio”. Campañas muy fuertes contra la corrupción lo caracterizaron y en varios spots publicitarios recordaba “Ah.. conmigo un peso un dólar”.

Una especie de cambios en las formas sin discusión de fondo, y quizás algo de esto ha venido a suceder en la ultima elección. El kichnerismo tiene sin duda la mayor de las responsabilidades de no haber podido consagrar la discusión política como elemento de decisión electoral y no puede descansar echando culpas a la prensa.
Quizás a este elemento se sume ciertamente una lectura no muy atinada del electorado y estrategias que se alejan de la construcción popular fueron marcando una campaña con tropezones que el equipo de Macri supo aprovechar en su favor.

Algunos recordaran la fabula de Esopo, un griego que vivió en el 470 A. C. según se cree. “La liebre y la tortuga” se llamaba y contaba como una liebre se reía de una tortuga por su lentitud.  A la tortuga se le ocurre desafiarla en una carrera, la liebre acepta entre risas y se largan. Confiada, la liebre se hecha una siesta a mitad de camino y “Cuando la liebre se despertó, corrió con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, la tortuga había ganado la carrera”. Esopo deja como moraleja que “el exceso de confianza pueden hacernos no alcanzar nuestros objetivos”.

El empresario que tuvo que afeitarse el bigote por las comparaciones con Videla y tomar clases de vocalización porque hablaba tan cerrado como los “niños bien” terminó por ganar las elecciones presidenciales de este domingo. Escenario pensado desde el realismo mágico quizás pero no del análisis político, al menos hasta hace un año y medio.

 

Si solo fuera por Clarín Cristina no podría haber sido electa ni reelecta, los medios pueden explicar una parte del resultado pero las dos elecciones de Cristina son evidencia empírica que viene a poner el análisis del votó en otros sitios, además de los medios. Las demandas de un electorado que mutó en sus demandas respecto a las anteriores elecciones, los referentes que ofrece el modelo, la política comunicacional, la creación del adversario, las deudas y la impermeabilidad a la crítica del sector popular son algunos rincones a explorar.


Macri, como la cara del neoliberalismo argentino es una invención del Kichnerismo. Fue la gestión de Cristina Kichner quien busco forjar una identidad desde un adversario y eligió que fuera Macri por su “sinceridad brutal”. Porque era Macri quien abiertamente se manifestaba en contra de los subsidios, a favor de las privatizaciones, del libre mercado en general y eso mientras se está convencido de que el modelo había sido interpretado y acordado por las mayorías constituía una confianza total de cara a las elecciones, entonces la liebre se hecho una siesta y subestimo no solo a la tortuga sino a los medios y corporaciones que la acompañaban y al electorado que decidía quien ganaba la carrera.


Si fue por la “soberbia, la grieta, el uso de la cadena nacional y la corrupción” que el Kichnerismo perdió, entonces no perdió en sí mismo el modelo sino por la forma. El ingeniero Mauricio Macri tuvo un cambio radical en su discurso, posiblemente la bisagra haya sido la elección del 19 de julio en la Ciudad Autonoma de Buenos Aires donde en su discurso propuso convertir en ley la AUH desconociendo que ya lo era. También prometió que YPF y Aerolineas seguirían siendo estatales y "Las jubilaciones seguirán en manos del ANSES” contradiciendo el discurso que mantenía desde sus comienzos en política. Esto significa ya no una confrontación de las políticas sino de las formas, y allí quizás la liebre se echo a dormir y la tortuga entendió de que se trataba la carrera y se aceleró la marcha.

Cristina alguna vez dijo “si no les gusta el modelo armen un partido y ganen las elecciones”. Las elecciones se ganaron sin discutir el modelo y quien gano tiene un partido casi inexistente que dependió de la alianza con el radicalismo y el favor de los medios para llegar. Macri gana con un partido casi inexistente recurriendo a una alianza que supo aprovechar cada siesta del rival.

Postular a Anibal Fernandez como gobernador de Bs As siendo él uno de los más golpeados por los medios, la oposición, “el fuego amigo” y por merito propio incluso, es un desatino y una muestra de subestimación del adversario y del electorado. Sostener a Boudou en la vicepresidencia otro, sea cierto o no todo lo que de él se publicó, incluida la foto con Vandenbroele . Colocar en el rol presidenciable a Scioli una muestra del giro a la derecha por parte del kichnerismo y hacia adentro de ese espacio debe considerarse como un reconocimiento de algunas fallas en la construcción de lo que se anunciaba como un “proyecto popular”. El perfil de Scioli puede ser en muchos aspectos (electoralistas, mediáticos, marquetineros) positivos pero no precisamente en una visión popular.

Para decirlo de una buena vez el kichnerismo se confió. Se confió de Macri, el radicalismo, de Clarín, de las demandas del electorado y de todo lo que pueda configurar como “oposición”.

 

La apuesta contrahegemonica del Kichnerismo no fue, como sucedió en algún caso particular de A. Latina el empoderamiento de las clases populares sino por el contrario la creación de un grupo empresarial de comunicación que pudiera trabajar con la misma lógica pero resaltando las virtudes del modelo. Para combatir al poder comunicacional del grupo Clarín, indispensable en la tarea de colocar a Macri en el lugar de presidente, el kichnerismo apuesta al grupo de Cristobal López mientras en la mayoría de los barrios, los partidos y las instituciones perduran en gran medida verdaderos gestores clientelistas en lugar de convencidos militantes a los que el vecino común pueda recurrir, consultar y hasta insultar cuando se enoja, pero que en definitiva reconozca como un agente de un proceso político de determinadas características. Esos viejos vinagres de las políticas, señores de traje y corbata que tienen poder de decisión en sus ámbitos perduraron durante estos años. Hay quien sostiene “son más peligrosos afuera de la gestión que adentro” y quizás sea verdad pero no alcanza. Es allí donde la idea del “relato” que proponía Lanata toma fuerza, cuando la referencia más próxima no es clara difícil será percibir para un trabajador poco politizado el proceso que transita y por el contrario muy fácil tragar la “información” ya masticada por editores de la prensa mercenaria.

El Kichnerismo no logró llevar adelante una política comunicacional exitosa, en lugar de construir una comunicación desde el empoderamiento de las clases populares apeló a la misma receta que los auspiciantes de Macri, el Marketing y los medios empresariales.

La campaña de cara al balotaje se baso en las comparativas entre Macri y el neoliberalismo de los `90 en spots publicitarios y redes sociales. En la mayoría de los casos las organizaciones que no forman parte del kichnerismo y auto-convocados se encargaron de organizar eventos y debatir la coyuntura y no desde el aparato kichnerista.

 

El Sociologo Atilio Boron dijo: “en los últimos días se ha producido una significativa activación popular, una movilización espontánea de "autoconvocados", surgida de forma genuina "desde abajo" que contrasta llamativamente con el inmovilismo de los aparatos del kirchnerismo -llámense La Cámpora, el FPV o Unidos y Organizados- que se han visto completamente sobrepasados por esa inédita irrupción ciudadana en los tramos finales de la campaña. Por lo visto, las clases populares y las capas medias se revuelven en contra de la resignación que trasuntan aquellos aparatos y salieron a conquistar votos, uno a uno, en un desesperado esfuerzo para impedir que los avances sociales, políticos y culturales registrados en estos doce años sean arrojados por la borda en medio de la sorprendente pasividad oficial”.

Puede esto ser un aspecto de herencia partidaria, la demasiada horizontalidad a veces asusta. La gestión de Cristina Fernandez no se caracterizó por reprimir pero no se puede obviar que hubo manifestaciones verdaderamente populares contra Monsanto, la megamineria y Chevron que fueran silenciadas con palos en lugar de incluir esas fuerzas y desde allí proyectar. Esa película se llama “Los límites del modelo” o “después de todo esto es capitalismo”. La contrahegemonia no se puede realizar siguiendo la receta que los consagró, debe buscarse una alternativa en la clase trabajadora que para garantizar la continuidad de un proyecto popular y debe ser parte de la toma de decisiones y no solo espectadora en un proceso político, aun cuando el proceso la beneficie esta en evidencia que no alcanza. La clase media saca mas beneficios en el modelo kichnerista que en la propuesta de “Cambiemos” y puestos a elegir entre uno y otro los mas desposeídos también, sin embargo optaron por otro camino.

 

Entiendo que quien votó a Macri no vota en contra de la nacionalización de la AUH, YPF, Aerolineas, ANSES, los derechos humanos, la Fertilización Asistida, el PROCreAR, el PROCreAuto, el ahora 12, los precios cuidados y una larga lista de etc. Entiendo que no votan en contra de eso, sino en contra de las “formas” que se expresan en la “Cadena Nacional, la soberbia, la corrupción, etc”.  El antropólogo Alejandro Gimson confesó en la revista Anfibia: “no tenemos derecho a creer que la sociedad vota con el archivo en mano“. A esto agregamos no tenemos derecho ni oportunidad de poner a dormir la liebre.

Si es por las “formas” y no por el “fondo” que el ingeniero gana las elecciones entonces no tiene derecho a cambiar el fondo.. Si es por la corrupción y no por el modelo económico entonces que sean honestos los funcionarios pero que no se zarpen con el dólar, las importaciones o las retenciones. Si es por la cadena nacional y no por YPF, Aerolineas o ANSES que no privatice y que use poco la cadena, si es por la soberbia y no por la unidad latinoamericana, que sea humilde pero que rechace el acuerdo al libre comercio del pacifico y acate los lineamientos de la UNASUR. Y si algo de esto empieza a cambiar estemos atentos para recordarle al ingeniero que no fue por eso que fue electo y hagámoslo juntos, como si fuera un octubre de elecciones.

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